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Egg: cooperación, tecnología e innovación al servicio de la educación

El mes de febrero nos trae un nuevo emprendimiento destacado y con él una nueva historia de perseverancia y determinación. En este caso tuvimos el agrado de entrevistar a Ignacio Gómez Portillo, que con su proyecto Egg Educación revoluciona el sistema educativo.

 

– ¿Cómo empezaste como emprendedor?
– Mi primer emprendimiento fue cuando tenía unos 5 años. Invertí mis ahorros en dos cajas de chicles que vendía a la gente que andaba por mi barrio. Con las ganancias pude comprar otros productos y así, poco a poco, armé un pequeño kiosko móvil que duró hasta que las clases comenzaron de nuevo. Durante varios años, cada verano, hacía algo parecido con un gran amigo de la infancia. En la secundaria fui al Liceo Agrícola y Enológico donde tuve la suerte de aprender a producir y/o fraccionar productos como miel, caramelos de propoleo, chorizos y milanesas de soja. Con esto hacía pequeños emprendimientos que me divertían y ayudaban con mis salidas. En la universidad la cosa fue cambiando, me dedicaba a estudiar o emprender viajes. En general con muy pero muy poco dinero, a dedo, a veces durmiendo donde hubiera espacio para una carpa, otras con personas de gran corazón que sin conocernos nos abrían las puertas de su casa. Quizás emprender es tan solo aventurarse.
 
– Contanos, ¿cómo nació la idea de tu proyecto?
– Egg surge de la búsqueda por construir una mejor sociedad. Luego de terminar la licenciatura y maestría en física en el Instituto Balseiro me fui a Barcelona a realizar un doctorado con la idea de comprender el comportamiento colectivo de la Sociedad Humana desde las ciencias exactas. En este camino me encontré con una pregunta fascinante y muy antigua de la ciencia que busca comprender las condiciones que dan lugar a la evolución de cooperación entre organismos biológicos. Esta es una pregunta central, ya que la cooperación es unívoca en la vida, de forma que la vida y la muerte se caracterizan por la presencia y la pérdida de cooperación respectivamente. En sentido contrario, aumentar la cooperación de una población implica mejorar la calidad de vida de sus integrantes. Esto me apasionó tanto que decidí dedicar el doctorado a comprender la cooperación humana. Luego de varios años logré terminar la tesis donde propuse una explicación simple al origen evolutivo de la Sociedad Humana. Luego, al regresar a la Argentina como repatriado científico del CONICET, me propuse aplicar estos conocimientos sobre poblaciones reales, para ver si los resultados teóricos se verificaban y efectivamente mejoraba la calidad de vida de las personas. Comencé con mis alumnos de la UNCuyo, en una materia llamada Electromagnetismo de cuarto año de la Licenciatura en Física. Aunque poco a poco fui observando mejoras académicas muy prometedoras, tenía pocos alumnos y que ya estaban avanzados en la carrera. Teniendo en cuenta los enormes problemas educativos que atraviesa nuestro país y el mundo en general, busqué desarrollar esto en el ingreso o en los primeros años de la universidad, donde la deserción es enorme y las falencias educativas evidentes. Sin embargo, la burocracia, el escepticismo de las autoridades, la falta de interés y mi necesidad de avanzar, todas juntas, hicieron imposible este camino de innovación. La enorme confianza en lo que había encontrado, junto a la urgente necesidad de soluciones a los problemas educativos, me llevaron a desarrollar el proyecto a través de un emprendimiento. Así surgió Egg Educación.
 
– ¿Cuál fue tu inspiración para iniciar con los cursos?
– En cierta medida la inspiración estuvo antes de pensar en dar cursos. Estos surgieron como solución a la pregunta, ¿qué puedo hacer con el fin de desarrollar Tecnología Social para la educación, a partir del conocimiento científico de la cooperación humana, que ayude a resolver los problemas educativos y que impacte en la sociedad en el menor tiempo posible? Así surgió la idea de comenzar con un preuniversitario de medicina. Este curso me convenció por varios motivos. Por un lado, es un curso que no expide título, el éxito está en si el alumno logra o no ingresar a la universidad. Con esto eliminamos la burocracia y logramos que la evaluación del proyecto fuese externa. Por otro lado, año tras año, cerca de 1800 personas buscan ingresar a medicina de la UNCuyo, pero solo lo logran unas 120 en promedio. Sin embargo, el ingreso no es con cupo, sino que ingresa todo el que aprueba los exámenes. Esto último fue algo importante, porque si el sistema educativo que buscaba desarrollar verdaderamente mejora la calidad educativa, año a año lograríamos que más personas ingresen. Este es un resultado alcanzado muy contundente, que esperamos motive a otras instituciones educativas a adoptar nuestro innovador sistema. Mientras, continuaremos creando nuevos espacios propios para llegar a más gente.
 
– ¿Qué es lo innovador del sistema utilizado en los cursos?
– El eje central del sistema es el trabajo en equipo entre alumnos. En este aspecto, hemos desarrollado reglas claras y simples que aseguran condiciones óptimas para el desarrollo de la cooperación. De todas maneras, también hemos incorporado otras innovaciones. Por ejemplo, aplicamos el conocimiento milenario del yoga para controlar con recursos propios los nervios de rendir exámenes. Algo parecido hicimos con improvisación para integrar el grupo y mejorar la expresión de los alumnos en situaciones de estres como exámenes orales. También creamos mesas pizarra, invirtiendo el tradicional no ralles la mesa por un, ¿por qué la mesa está en blanco? Acabamos de terminar de desarrollar un formato de videos único en el mundo, y en breve nuestros videos estarán en YouTube gratis para todo el mundo. Ya comenzamos a sistematizar nuestro sistema de estudio en equipo a través de una App con el fin de que pueda ser aplicado en cualquier aula del mundo.
 
– ¿Creés que este sistema tiene mejores resultados que los tradicionales?
– No lo creo, lo hemos verificado ampliamente. Nuestra tasa de ingreso a medicina de la UNCuyo es aproximadamente 5 veces superior a la media. Nuestros alumnos son felices, nos piden cerrar más tarde, abrir antes, tener menos vacaciones y hay que recordarles que es bueno descansar al menos un día a la semana.
 
– ¿Quiénes te ayudaron en este camino?
– Mucha gente la verdad, de ninguna manera podría haber hecho esto solo. Creo que la cooperación es la respuesta a los problemas. En primer lugar y por sobre todo agradezco a mi esposa y socia Carolina Pérez Mora por su apoyo incondicional, sus enormes aportes y por bancarme ad infinitum (con lo seca mente que puedo ponerme cuando algo se me mete a la cabeza). A mi gran familia y amigos que desde siempre apoyaron y creyeron en el proyecto. Estoy muy agradecido con Florencia Casassa, parte del equipo desde el minuto cero, por habérsela jugado profesionalmente sin conocerme. También estoy muy profundamente agradecido con el Centro Vasco de Mendoza y a toda su comisión directiva, por habernos abierto las puertas de su casa para que pudiéramos desarrollar el proyecto.
 
– ¿Qué le recomendarías a alguien que quiere emprender?
– Que lo haga, que siga a su corazón, que no dude ni un segundo en avanzar, que no tenga miedo al fracaso, ¡ahí es donde está la materia prima para construir! Entiendo que emprender es correr riesgos y muchas veces las condiciones parecieran no ser las adecuadas, pero si dentro tuyo hay algo que te moviliza, que te hace ver un futuro lleno de luz, seguilo, arrancá, los melones se acomodan solos. Creo que también es muy importante que tengas en claro dónde querés llegar y que hagas de eso un faro que te guíe en las decisiones que tomés.
 
– ¿Cuál es el factor que hace que un emprendimiento tenga éxito?
– Yo creo que lo más importante es tener ideas claras. Si bien uno puede ir adaptando el proyecto en el camino, hay ciertas esencias que tienen que estar muy bien definidas y que son innegociables. Hay que avanzar en una misma dirección o sino se termina yendo a ningún lado. También considero que la formación es importante, aunque el grado de ésta depende mucho de las características del emprendimiento. Ser positivo y perseverante es fundamental. Los proyectos no funcionan de la noche a la mañana y siempre habrá momentos en donde pensaremos que no funcionará, ¡es ahí donde hay que seguir!

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